Gabinete
de Curiosidades
Estuvieron de moda entre 1540 y 1740. Concebidos como theatri amplissimi, capaces de
yuxtaponer a las facultades múltiples de la naturaleza el poder de síntesis de
la mirada humana sus secciones solían incluir naturalia, scientifica y artificialia), eran, a la vez,
dispositivos de luz y concisos microcosmos. Las grutas de los jardines
ingleses, entre juegos de agua y paysags
animés, fueron su vitrina ideal. Pero también los hubo interiores, como el
famoso Kircherianum, cuya sede infrecuente, en ellos, la inclusión de
autómatas.
Corresponde a
Horst Bredekamp, autor de The Lure of Antiquity and the Cilt of Machine, la
idea de lo que los gabinetes de curiosidades habrían ejercido gran influencia
sobre las utopías. En efecto, nos dice, tanto Civitas Solis, de Tommasso
Campanella, como la nova Atlantis, de Francis Bacon, fueron ideadas siguiendo
sus reglas de composición.
Algo más: en la
alternancia entre utilidad práctica y gratuidad que caracteriza a todo
gabinete, en el deseo de crear un orden propio, aunque sea arbitrario, hay, sin
duda, una imitación del gran juego divino. No sería, quizá, del todo falso
concebir el mundo como gabinete de curiosidades de Dios.
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