La experiencia o la suerte
¿Qué quiere
decir “experiencia”? Un término que para Bataille está antes de que se defina:
la experiencia no se traduce en el discurso, como otro de sus términos, tampoco
es lo expresado por la literatura o la filosofía. La experiencia no es un
pensamiento ni la inteligencia de algo, mucho menos lo que se habrá de expresar
gracias a un don verbal. La experiencia es un dato interior, es decir, de
alguna manera inexpresable. De allí que su punto de partida consista en hablar
de lo que no se puede decir, algo que tradicionalmente se llamó “mística”.
“Entiendo por experiencia interior lo
que habitualmente se llama experiencia
mística”, es la primera afirmación de Bataille al respecto. Pero tiene que
limitar luego esa analogía inicial. El éxtasis y el rapto de los que hablará,
como estados que no se reducen a su expresión, se parecen a los de la mística,
pero no son idénticos. No hay una confesión, una fe en alguna existencia
sustraída de la muerte, que sostenga la experiencia. Se trata de un puro rapto,
sin lazos, sin revestimientos religiosos. La experiencia interior será un punto
de refutación de todo lo que haya establecido, ya que no se apoya en algo
intuido, como trascendencia de lo sabido; su principio es el no-saber. Es algo
que no desemboca en nada, o que lo niega todo para encontrar la nada. Y así
define un lugar íntimo, tan inaccesible como evidente detrás de las
percepciones, creencias y saberes: “La experiencia es la puesta en cuestión
(puesta a prueba), en la fiebre y la angustia, de lo que un hombre sabe por el
hecho de existir”. Y lo que alguien sabe porque existe es en primer lugar un
yo, el que se sabe y se dice como punto ciego y punto instaurador del discurso.
Ese yo sigue un camino, su habla, y cree tener experiencia separada, enfrentada
a los demás seres y al mundo, que se convierten en objetos al costado del
camino. El sujeto separado del objeto es la consecuencia necesaria de su
método. Pero, ¿qué le importa de verdad al que existe? Ni el yo ni el camino,
sino el encuentro, el deseo del encuentro, lo posible que se abre hasta en las
cosas menos esperadas. El que existe quiere contagiar su fiebre a todo aquello
que toca, quiere una presencia no separada, o sea la angustia que se anticipa
al insólito encuentro de la muerte. Pero un existencia ilimitada es impensable
para un sujeto, siempre limitado, por lo tanto su dese es limitar lo real
mediante la destrucción de lo que sabe, que es la destrucción del yo. No hay
que olvidar que un yo es una miniatura de Dios, y muere junto con éste. La
experiencia busca pues lo desconocido, no un camino sino el extravío, la
dispersión, y es algo desconocido que no puede captarse, volverse conocido como
un concepto.
Bataille. Una
introducción. pp. 75-76
Silvio Mattoni
No hay comentarios:
Publicar un comentario