Mi experiencia
Por Juan L. Ortiz
Nací como
Mastronardi y Villanueva en Gualeguay, pero la “vergüenza política” que Ueda
sentir como este último no me impide que sienta por mi pueblo un especial
cariño y que me sienta muy profundamente ligado a este paisaje. Muy
profundamente. Creo, además que la circunstancia de ser la cuna de los poetas
nombrados, alza tan alto el honor de una ciudad que no pueden alcanzarse los apresuramientos
adquisitivos de algunos de sus
políticos.
¿Referencias
concretas de mi vida? Permítaseme que no le dé ninguna importancia. Apenas si
los años y el estudio y la experiencia, sobre todo la experiencia, la
experiencia poética, la experiencia humana, la experiencia íntima, me han
permitido dar algún esbozo de forma a mis reacciones frente al mundo, frente a
las cosas, frente al paisaje con todos los elementos que lo constituyen,
ambicionando para la poesía la mayor flexibilidad de movimientos y la mayor
amplitud de sentido, sin desmedro, claro está, del necesario ritmo y de la
necesaria ligereza.
Pienso que
apenas si somos agentes de una voluntad de expresión y de ritmo que está en la
vida, en la vida de todos, en la vida del mundo y de las cosas y que, si
conforme a ello, aumenta nuestra responsabilidad, no cuenta en cambio, no debe
contar, todo lo que atañe a nuestros éxitos, bien pequeños, por cierto, con
respecto a las posibilidades infinitas y de varia índole que existen. La poesía
no pertenece a nadie o es de todos. De aquí que debamos hacer todo lo posible
para crear las condiciones necesarias para que todos la sientan, o mejor para
que todos puedan vivirla en todos los momentos, como
que todos los
momentos tiene su ritmo. Lo que significa colaborar en la transformación del
mundo, en el cambio de la vida. Creo con Cassou que el destino de la poesía
está ligada a este cambio.
Esto, desde
luego, sin cerrar la sensibilidad a ningún mensaje poético, venga de donde
venga, siempre que haya respondido a una íntima necesidad, que sea auténtico,
en una palabra.

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