jueves, 15 de agosto de 2013

Tela de Juicio (sobre Lea Lublin)

Tela de juicio
Lo erótico y lo blanco según Lea Lublin

Isabel Plante y Teresa Riccardi

Los visitantes de la Exposición Panamericana de Ingeniería de 1970 en el predio de la Sociedad Rural Argentina pudieron ver (aunque no por mucho tiempo) la siguiente imagen: un hombre y una mujer desnudos sobre un lecho. Más o menos así (y con cierta ironía) lo transmitió la prensa cuando se hizo eco de la noticia sobre la censura policial de esta obra que Lea Lublin tituló Blanco sobre Blanco y presentó como parte de la exposición de arte montada en el stand de la empresa Acrílicos Paolini.
La obra probablemente se destruyó pero a partir de las descripciones y las fotos publicadas en los periódicos (con una franja negra cruzada), podemos intentar podemos intentar rememorarla. Las dos figuras en cuestión sobre dos placas de acrílico superpuestas. Se los veía abrazados besándose, representados con un dibujo realista y sintético similar al de las revistas de historietas como El Tony. El “lecho”  era, en verdad, una sábana blanca real arrugada, apretada y sobresaliendo por entre las placas de acrílico. Según la descripción de Bernard Teyssèdre, sobre la primera plancha la artista había pintado las siluetas con color blanco, y sobre la segunda, con líneas de punto negras. Como el acrílico era transparente, a su vez esos dibujos proyectaban sus sombras sobre el fondo, lo que contribuía a la sensación de estar frente a dos cuerpos (suelen ser los cuerpos los que proyectan sombras y no las imágenes).
Lea Lublin utilizaba el mismo recurso que el cientista Jesús Rafael Soto había explorado en los años ´50: planchas de acrílico con cierta distancia entre ellas. Al desplazarse el espectador con la vista fija en la obra, la superposición de los dibujos varía y se tiene la ilusión de que lo que se mueve es la imagen. Empleando los patrones de interferencia ópticos desde una “otra” figuración, la artista ensayaba por primera vez posibilidades visuales para un conocido tabú: el desnudo y la erótica de los amantes.
Blanco sobre Blanco sugería varios sentidos igualmente literales. Eran dos planchas de acrílico pintadas con blanco, pero también representaba dos personas blancas, una sobre otra y a su vez sobre una sábana blanca. En este sentido la obra de Lublin parecía un homenaje a Malevich y su obra clave de la pintura moderna, Blanco sobre blanco. Al mismo tiempo, incitaba a una revisión de la dimensión mística que el artista ruso daba a la imagen. Los avatares de esta pieza de Lea (censura y juicio por atentado al pudor)[1] deben haber sido una confirmación respecto de la pertinencia de continuar esa indagación iniciada en 1967 como Proceso a la imagen; de hecho, ése fue el título que dio pocos meses más tarde a su exposición[2]. Éste aludía a una pregunta más teórica por la naturaleza y el estatuto de las imágenes, pero también al concretísimo proceso judicial al que fue sometida luego de la censura de Blanco sobre blanco.
La contundencia de la respuesta a esta obra sólo puede entenderse en relación con la intolerancia de un sujeto de “buena moral” a verse moviéndose y acomodándose para mirar a una pareja en el sospechado acto sexual. Esta dimensión corporal ponía en evidencia una actividad perfomativa, casi voyerista, que a los ojos de un conservadurismo remilgado aparecía como un acto incidente. ¿La obra mostraba parejas “modernas” disfrutando del placer sexual? En definitiva, la propuesta motorizaba el deseo inefable de “ver” lo que anidaba en su propia fantasía, lo que proyectaba con su mirada más que lo se hacía efectivamente presente en la imagen.
El erotismo, aquel lenguaje por excellance de la libido, de lo sugerido y lo sugerente, volvían al ojo y a la psique de aquellos espectadores, órganos atentos y dispuestos a la fruición provocada por la contemplación “artística” del placer sexual. Entre el deseo y la prohibición, el imaginario de la sensualidad y el desnudo formaban parte del repertorio de modernización sexual de los años sesenta en la Argentina, y fueron tratados por diversos artistas que buscaban articular un lenguaje visual renovador. Los colchones “blancos y eróticos” que proponía Marta Minujín como Eróticos en Technicolor, las esculturas de vulvas gigantes en los Bioscosmos de Emilio Renart y las filmaciones experimentales de desnudos realizadas por Oscar Bony, eran representativos de la libertad sexual a la que aspiraba un sector de la sociedad. Del mismo modo, Blanco sobre blanco se convirtió en un testimonio de esa libertad mientras entraba en las fojas judiciales, señalando las maracas de un Estado que reprimía la sexualidad y la expresión en el arte argentino.

Revista “Blanco sobre blanco”. Año 1 / número 1. Septiembre 2011. pp.  57-58







[1] Paola Melgarejo y Florencia Vallarino, “El discurso del arte entre la estética y la censura”, en María José Herrera (comp.), Exposiciones de arte argentino 1956 – 2006, Buenos Aires, Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, 2009. pp. 137-147


[2] Lea Lublin “Proceso de la imagen I” índice de la imagen (1967-1967), en Proceso a la imagen, Recorrido conceptual, Buenos Aires, Galería Carmen Waugh, diciembre de 1970, s/p



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