Tela de juicio
Lo
erótico y lo blanco según Lea Lublin
Isabel Plante y Teresa Riccardi
Los visitantes de la Exposición Panamericana de Ingeniería de 1970 en el predio de la Sociedad Rural Argentina
pudieron ver (aunque no por mucho tiempo) la siguiente imagen: un hombre y una
mujer desnudos sobre un lecho. Más o menos así (y con cierta ironía) lo
transmitió la prensa cuando se hizo eco de la noticia sobre la censura policial
de esta obra que Lea Lublin tituló Blanco
sobre Blanco y presentó como parte de la exposición de arte montada en el
stand de la empresa Acrílicos Paolini.
La obra probablemente se destruyó pero a partir de las
descripciones y las fotos publicadas en los periódicos (con una franja negra
cruzada), podemos intentar podemos intentar rememorarla. Las dos figuras en
cuestión sobre dos placas de acrílico superpuestas. Se los veía abrazados
besándose, representados con un dibujo realista y sintético similar al de las
revistas de historietas como El Tony.
El “lecho” era, en verdad, una sábana blanca
real arrugada, apretada y sobresaliendo por entre las placas de acrílico. Según
la descripción de Bernard Teyssèdre, sobre la primera plancha la artista había
pintado las siluetas con color blanco, y sobre la segunda, con líneas de punto
negras. Como el acrílico era transparente, a su vez esos dibujos proyectaban
sus sombras sobre el fondo, lo que contribuía a la sensación de estar frente a
dos cuerpos (suelen ser los cuerpos los que proyectan sombras y no las
imágenes).
Lea Lublin utilizaba el mismo recurso que el cientista Jesús
Rafael Soto había explorado en los años ´50: planchas de acrílico con cierta
distancia entre ellas. Al desplazarse el espectador con la vista fija en la
obra, la superposición de los dibujos varía y se tiene la ilusión de que lo que
se mueve es la imagen. Empleando los patrones de interferencia ópticos desde
una “otra” figuración, la artista ensayaba por primera vez posibilidades
visuales para un conocido tabú: el desnudo y la erótica de los amantes.
Blanco sobre Blanco sugería varios sentidos igualmente literales. Eran dos planchas
de acrílico pintadas con blanco, pero también representaba dos personas
blancas, una sobre otra y a su vez sobre una sábana blanca. En este sentido la
obra de Lublin parecía un homenaje a Malevich y su obra clave de la pintura
moderna, Blanco sobre blanco. Al
mismo tiempo, incitaba a una revisión de la dimensión mística que el artista
ruso daba a la imagen. Los avatares de esta pieza de Lea (censura y juicio por
atentado al pudor)[1]
deben haber sido una confirmación respecto de la pertinencia de continuar esa
indagación iniciada en 1967 como Proceso
a la imagen; de hecho, ése fue el título que dio pocos meses más tarde a su
exposición[2].
Éste aludía a una pregunta más teórica por la naturaleza y el estatuto de las
imágenes, pero también al concretísimo proceso judicial al que fue sometida
luego de la censura de Blanco sobre
blanco.
La contundencia de la respuesta a esta obra sólo puede entenderse
en relación con la intolerancia de un sujeto de “buena moral” a verse
moviéndose y acomodándose para mirar a una pareja en el sospechado acto sexual.
Esta dimensión corporal ponía en evidencia una actividad perfomativa, casi
voyerista, que a los ojos de un conservadurismo remilgado aparecía como un acto
incidente. ¿La obra mostraba parejas “modernas” disfrutando del placer sexual?
En definitiva, la propuesta motorizaba el deseo inefable de “ver” lo que
anidaba en su propia fantasía, lo que proyectaba con su mirada más que lo se
hacía efectivamente presente en la imagen.
El erotismo, aquel lenguaje por excellance de la libido, de lo sugerido y lo sugerente, volvían al
ojo y a la psique de aquellos espectadores, órganos atentos y dispuestos a la
fruición provocada por la contemplación “artística” del placer sexual. Entre el
deseo y la prohibición, el imaginario de la sensualidad y el desnudo formaban
parte del repertorio de modernización sexual de los años sesenta en la Argentina , y fueron
tratados por diversos artistas que buscaban articular un lenguaje visual renovador.
Los colchones “blancos y eróticos” que proponía Marta Minujín como Eróticos en Technicolor, las esculturas
de vulvas gigantes en los Bioscosmos
de Emilio Renart y las filmaciones experimentales de desnudos realizadas por
Oscar Bony, eran representativos de la libertad sexual a la que aspiraba un
sector de la sociedad. Del mismo modo, Blanco sobre blanco se convirtió en un
testimonio de esa libertad mientras entraba en las fojas judiciales, señalando
las maracas de un Estado que reprimía la sexualidad y la expresión en el arte
argentino.
Revista “Blanco sobre blanco”. Año 1 / número 1. Septiembre
2011. pp. 57-58
[1] Paola Melgarejo y Florencia Vallarino, “El discurso del arte
entre la estética y la censura”, en María José Herrera (comp.), Exposiciones de
arte argentino 1956 – 2006, Buenos Aires, Asociación Amigos del Museo Nacional
de Bellas Artes, 2009. pp. 137-147
[2] Lea Lublin “Proceso de la imagen I” índice de la imagen
(1967-1967), en Proceso a la imagen, Recorrido conceptual, Buenos Aires, Galería
Carmen Waugh, diciembre de 1970, s/p

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